Todo parece indicar que las películas basadas en biografías o relacionadas con el mundo de las estrellas del rock and roll se convertirán en una tendencia repetitiva para estos tiempos. Películas basadas en genios musicales como Freddie Mercury y Elton John, el degradante estilo de vida de Mötley Crüe o dramas como A Star Is Born (protagonizada por Lady Gaga) no han pasado desapercibidas. Incluso se rumorea que el fallido proyecto God Gave Rock ‘N’ Roll To You —con la participación de la banda cristiana de glam metal Chaotic Resemblance y apariciones de miembros de Petra y Stryper— volverá a resucitar debido a todo esto.
En medio de todo aparece la película Lords of Chaos, basada en el libro Lords of Chaos: The Bloody Rise of the Satanic Metal Underground, escrito por Michael Moynihan y Didrik Søderlind en 1998. La cinta, dirigida por el sueco Jonas Åkerlund —quien ha dirigido videos para artistas que van desde Metallica hasta Britney Spears—, pretendía recrear los oscuros acontecimientos de la historia del black metal noruego en los años noventa.
Debo confesar con sinceridad que, aunque tenía planeado verla, no tenía demasiadas expectativas debido a que el músico Varg Vikernes ya había realizado un video argumentando la falta de veracidad de los hechos narrados en el libro y que, con mayor razón, serían tergiversados en el filme. Para ser todavía más arriesgadamente sincero, la película me resultó demasiado aburrida, pero me generó interés por conocer más sobre estas historias.
Vikernes no es para nada un personaje con el que simpatizar en muchos aspectos; tampoco justificó sus actos cometidos en aquellos años ni el asesinato del músico Euronymous, pero decidí analizar lo que contaba en sus videos y sus interesantes puntos de vista. Vikernes afirma no haber visto la película, pero se tomó el tiempo de desmentir muchos de los inexactos acontecimientos que se narran en ella. Aunque actualmente la extraña política de censura decidió eliminar su cuenta, todavía podemos encontrar versiones donde contesta a la pregunta sobre si realmente existía una relación estrecha entre el género musical y la Iglesia de Satán de Anton LaVey. Su respuesta comienza con un rotundo «no», argumentando que se trata de una simple estrategia; la misma que ha funcionado desde los tiempos del blues y que no pasa de ser una provocación para asustar a la sociedad.
Tendríamos que analizar, además, que el concepto del satanismo debe entenderse bajo formas muy variadas y tener en cuenta que se ha alimentado de muchos fraudes de LaVey, los cuales han salido a la luz tras su muerte. No podemos olvidar tampoco las mentiras que algunos circuitos evangélicos se tragaron a causa de los «testimonios» de personajes como Johnny Todd o Rebecca Brown, de quienes ya se ha demostrado la total falta de veracidad en sus supuestas conversiones tras haber pertenecido a «élites» del satanismo.
Con esto no pretendo alivianar actos como la quema de iglesias o los asesinatos de aquella época, pero sí entender la raíz de toda esta locura y por qué para muchos resulta inconcebible que músicos que profesan la fe cristiana adopten el black metal para expresar una creencia contraria. Una noticia que provocó opiniones divididas fue la petición de cancelar el concierto de la banda Marduk en Colombia. Empecé a notar que el boicot contra ellos se extendía por Latinoamérica, donde frentes políticos se oponían argumentando mensajes nocivos. En mi país, el asunto me generó molestia, ya que se trataba de la fusión entre política y religión.
Como creyente, aclaro que no apruebo el mensaje de estas bandas; sin embargo, hay factores que deben analizarse. Es evidente cómo a ciertos cristianos les queda fácil vender una imagen moralista prohibiendo un concierto de este tipo, mientras se hace poco o nada frente a las letras cargadas de vulgaridad y denigración hacia la mujer de gran parte del reguetón o la música popular, donde el exceso de licor suele terminar en episodios fatales.
¿Provoca realmente una solución prohibir a un artista? ¿No ha sido esta censura una gran publicidad para Marduk? ¿Cuántos conocieron a la banda tras el alboroto? En vez de prohibir, ¿por qué no se invierte en charlas para que los adolescentes tengan criterio propio o en programas musicales donde aprendan a tocar un instrumento?
Dejando de lado lo político, el fundamentalismo cristiano llega a otro nivel extraño. A muchos líderes les parece inconcebible que artistas cristianos ejecuten el mismo género, sin importar que el mensaje sea opuesto. A finales de los setenta, la Nueva Ola del Heavy Metal Británico trajo bandas como Venom, que con su disco Black Metal (1982) empezó a gestar el movimiento. Años después nacería el género como tal, con voces guturales y un sonido deliberadamente crudo.
La propuesta de grupos como Mayhem era regresar a las raíces paganas de Escandinavia para erradicar el cristianismo, en respuesta al hecho histórico de hace mil años, cuando se «cristianizó» la región a la fuerza. Sin embargo, en medio de esta hostilidad, apareció Steve Rowe cambiando la cara del rock cristiano con el sonido death metal de Mortification. A pesar de las amenazas de muerte de bandas de black metal, Rowe continuó su cruzada. Jayson Sherlock, baterista de Mortification, fue más allá y en 1994 formó Horde, grabando el disco Hellig Usvart para satirizar las líricas del género.
En Noruega, la banda Antestor ya llevaba años ejecutando el género con letras sobre Jesús. Muchos críticos han tenido que reconocer la gran calidad de discos como Forsaken. A esta causa se unieron Crimson Moonlight (Suecia), Sanctifica, Drottnar, Vaakevandring o Kekal (Indonesia). También destaca Elgibbor, proyecto de Jarek Pozarycki, un ex-satanista enfocado ahora en Jesús.
Para diferenciar las letras de las bandas anticristianas, se empezó a usar el término unblack metal, lo cual no marca diferencia en lo musical. Considero que existe mucha valentía en los artistas cristianos que se aventuran en este género. No obstante, creo que algunas bandas actuales se pasan de la raya al intentar mostrar una imagen tan «ruda» como las satánicas, cayendo en una competencia ridícula de símbolos. Existe un problema cuando se le da demasiada importancia a la figura de Satanás (aunque sea para mostrarlo como perdedor) y se olvida que la redención de Cristo debe ser lo primordial.
Cualquier género musical, por extremo que sea, puede ser una herramienta para traer esperanza. La música es un medio neutral usado para bien o para mal según el espíritu de sus ejecutores. En el caso del metal extremo, creo que hay gente muy honesta en su fe con una carga firme por llevar a Jesús a quienes aman estos sonidos. Nuestro deber, sea cual sea nuestro don, es que Jesús se convierta en una respuesta que, más que cambiar apariencias externas, cambie corazones.
