En algún momento se afirmó que “My Friend”, del disco Supernatural de dc Talk, estaba dedicada a otra banda alternativa muy grande por aquellos años: Collective Soul. Se argumentaba entonces que el tema era un rechazo a la fe que dicho grupo parecía estar abandonando para convertirse en estrellas. Finalmente, el significado de la canción consiste en la suposición de lo que podría pasar si alguno de los integrantes de dc Talk (es decir: Michael Tait, TobyMac o Kevin Max) se alejara de sus creencias para ser un rockstar. Pero, ¿por qué surgió tan llamativo rumor?
Cuando la banda norteamericana Collective Soul lanzó su primer disco, Hints Allegations and Things Left Unsaid, en 1993, se dieron a conocer con prontitud gracias a su sencillo “Shine”. No solo llamó la atención el sonido bien elaborado de la banda en una onda claramente alternativa y «moderna», sino también su letra sutilmente espiritual. No podemos culpar a la audiencia por empezar a cuestionar si la agrupación era la típica banda de rock cristiano:
«Dame una palabra, dame una señal. Muéstrame dónde buscar, dime qué es lo que voy a encontrar. Acuéstame sobre la tierra, hazme volar en el cielo. Muéstrame dónde buscar, dime qué es lo que encontraré».
Ed Roland, su vocalista, afirmaba de forma sorprendente que no concibió la canción como una plegaria, y que su padre, un pastor evangélico, le hizo caer en la cuenta de ello. Otras canciones, como “Under Heaven’s Skies”, contenían una letra cercana a una declaración de amor del libro de Cantares; mientras que “Heaven’s Already Here” declaraba que la felicidad ya estaba presente y que, por lo cual, «el cielo ya está aquí».
Collective Soul no pretendía, sin embargo, convertirse en una nueva versión de U2. Incesantemente dejaban en claro que no eran una banda con una agenda religiosa y, con el pasar del tiempo, se encargaron de mostrar una imagen más típica de cualquier banda de rock and roll.
A pesar de todo, el asunto es más profundo por tratarse de la historia de los hermanos Ed y Dean Roland: casos típicos de chicos que crecen bajo la rígida disciplina —y en ocasiones la presión— que puede conllevar el ser hijos de predicadores. Es por ello que vemos en sus canciones ciertos trazos de rebeldía, mientras que, en ocasiones, aparecen convicciones en sus líricas.
Su segundo trabajo, titulado sencillamente con el nombre de la agrupación, continuaba ofreciendo excelentes canciones; entre ellas la preciosa balada “The World I Know”, que vino acompañada de un conmovedor videoclip. En él, un hombre de negocios parte a su rutina mientras lee sobre la hambruna y los problemas sociales, contemplando la triste realidad de las personas en la calle. Todo esto le lleva a desear quitarse la vida. Justo cuando está a punto de arrojarse, una paloma se posa en su brazo y empieza a alimentarla, lo cual cambia su perspectiva y termina con una enorme sonrisa. Su letra, por supuesto, no es para nada superficial:
«¿Estamos escuchando? Himnos de ofrendas. ¿Tenemos ojos para ver? El amor es reunión. Todas las palabras que he estado leyendo han comenzado a sangrar en una sola».
Disciplined Breakdown, por su parte, es un disco con canciones como “Forgiveness”, que muestra los beneficios de la decisión de perdonar; mientras que “Precious Declaration” invita al oyente a un cambio de mentalidad más beneficiosa en los malos ratos y, de alguna manera, a encontrar la salvación.
Y es que, finalmente, las temáticas de la agrupación distaban mucho de la rabia, el pesimismo y la angustia que caracterizaban a la mayoría de las bandas alternativas de aquellos años del «No Future». Sin embargo, en ocasiones las cosas tomaban giros más bien confusos. Videos de canciones como “Why, Pt. 2”, del disco Blender, muestran a la banda en un ambiente típico de rock: imágenes de sexo, licor y fiestas no muy lejanas a las de los Rolling Stones.
Es esta ambigüedad la que nos muestra el difícil camino cuando el mundo nos arrastra a una vida ajena a los preceptos divinos; pero de la misma forma vemos que, muy en el fondo, luchamos con el deseo de hallar nuestro momento de redención. El bajista de la banda, Will Turpin, es el caso más particular. En el 2011 comenzó una carrera en solitario cuyas canciones han sido el reflejo de encontrarse realmente perdido y enfrentando sus propios demonios.
Todo esto le ha llevado a realizar la ópera rock navideña llamada Rock the Cradle, donde se narran diversas historias sobre el nacimiento de Cristo, a dialogar con grupos de jóvenes sobre cómo solucionar su adicción a sustancias y a colaborar con el legendario músico y productor Billy Smiley (de WhiteHeart) para impulsar la carrera del cantante cristiano Jason Fowler. No parece haber, sin embargo, un interés por convertirse finalmente en un músico de góspel.
La Biblia, como manual de vida del creyente, nos da unas reglas de moralidad que no podemos lograr por nuestros propios méritos. El apóstol Pablo deja muy claro que, aunque deseamos hacer el bien, cedemos fácilmente a actos contrarios. Es por ello que no encontraremos nuestra salvación a menos que dejemos a Cristo tomar el control de nuestras vidas. Es ahí cuando realmente se hacen preciosas nuestras declaraciones: cuando reconocemos que el cambio de mentalidad lo hallamos al someter nuestros pensamientos y actos al poderío de Cristo para encontrar, realmente, un cambio de vida.
