Es significativo ver cómo agrupaciones al estilo de Five Iron Frenzy cuentan en la actualidad entre sus filas con dos integrantes que se declaran ateos después de un tiempo; o el caso de Jars of Clay, que buscan apartar, por decirlo de alguna manera, el evangelismo de sus conciertos para expresar su fe de una forma más personal.
En algunos de estos casos el asunto se pone un poco más confuso, ya que el público cristiano con el que crecieron no sabe cómo reaccionar, y los músicos tratan de encontrar un escenario donde su nuevo público no sabe si está delante de una banda de creencias religiosas o de una que solo busca entretener con buena música.
Mike Herrera probablemente no podrá deshacerse de ser reconocido como un ícono del movimiento punk cristiano con su famosa banda MxPx; lo cierto es que actualmente su fe es cada vez más difusa. Siendo el típico adolescente de creencias tradicionales que debía asistir a reuniones de jóvenes, nunca fue un predicador en el escenario, lo que permitió que su música llegara a un público más amplio. Actualmente, se define como un adulto lleno de cuestionamientos mientras su banda continúa rodando por la carretera.
La banda 12 Stones, aunque siempre se catalogó como cristiana en revistas o programas de televisión, realmente solo contaba con su cantante Paul McCoy como creyente; mientras que en otras agrupaciones como Frodus y Chevelle, hoy es difícil decir si realmente lo fueron en alguna medida.
Las dudas y luchas de fe de David Bazan ya se reflejaban desde que lideraba la banda de indie rock Pedro the Lion. Sus letras fueron, en ocasiones, declaraciones muy oscuras que no encajaban con el deseo de muchos de encontrar la típica alegría de las bandas cristianas. Llegó un punto en que sus atormentadas canciones se tradujeron en un desligamiento total del cristianismo; no obstante, es extraño que nunca dejó de escribir sobre ello y que hoy labra una carrera en solitario donde aún frecuenta iglesias donde es invitado a cantar.
Otros casos llegan a ser realmente descorazonadores. A principios del 2000 se levantó un movimiento en Seattle que buscaba romper los moldes tradicionales usando la música y realizando eventos con bandas tanto cristianas como seculares bajo el nombre de Paradox. Las tendencias de vanguardia tenían su lugar en jóvenes cristianos sedientos de alternativas, así como de sentirse libres con expresiones como tatuajes y piercings. Todo esto fue liderado por el pastor Mark Driscoll y su comunidad Mars Hill, quien se autopromocionaba como un líder liberal, pero que con el tiempo mostró una posición cercana a un fundamentalismo religioso excesivo.
Sus mensajes de total sumisión de las esposas hacia sus cónyuges se llevaron a extremos, los comentarios homofóbicos se hicieron frecuentes y, como lamentablemente suele pasar, el mal manejo del dinero fue parte de todo, manchando las supuestas buenas intenciones de este hombre. Esto terminó con el imperio económico de Mark, pero también con muchos feligreses decepcionados y dolidos, además de músicos con un rumbo incierto.
Tristemente, cuando los cuestionamientos llegan a la vida de estos artistas, la mayoría se encuentran solos, con personas que, en vez de convertirse en mentores, se transforman en jueces que les prohíben pensar diferente. Muchas veces sus dudas, más que cuestiones de fe, se tratan de la forma en que les fue enseñado el cristianismo: como si fuera una religión más.
Dentro de estos casos se encontraban Jeff Suffering (90 Pound Wuss), Dustin Kensrue (Thrice) o Jordan Butcher (actualmente con Copeland), a quien le costó mucho volver a abrirse paso debido a los escándalos en su antigua iglesia. Un cuadro más esperanzador es el de la cantante Jessica Dobson y su esposo, Peter Mansen. Ambos fueron activos en Mars Hill, pero decidieron marcharse antes de la caída inminente. Esto no dañó su fe, sino que les dio una nueva perspectiva. Actualmente, Jessica lidera Deep Sea Diver y sus letras, de forma sutil, muestran que su fe no se ha desvanecido.
Historias como la de Mars Hill no son casos aislados. Muchas iglesias comienzan con la intención de entrar en terrenos underground, pero los escándalos progresivos dan paso a grandes decepciones. Uno de los problemas que encuentro no es la música, sino el excesivo énfasis en el espectáculo y el afán por identificarse con tribus urbanas, dejando de lado la importancia de una buena teología y el estudio de la Palabra de Dios como norma de vida. El mismo Jesús enfatizó esto en Juan 5:39: «Ustedes estudian con cuidado las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. Y son ellas las que hablan de mí».
Poner absoluta confianza en una figura de liderazgo pasa factura tarde o temprano. La Biblia es enfática al advertir sobre el fracaso cuando nuestra mirada está puesta en el ser humano: «maldito el hombre que confía en el hombre». No son los conciertos, ni los movimientos contraculturales, ni el exceso de activismo lo que sacia nuestra sed de plenitud. Lo que realmente trae vida a nuestros espíritus es la relación personal con Dios a través del sacrificio de Jesús. El mismo Mesías daba el ejemplo al apartarse a lugares solitarios para estar íntimamente con el Padre.
En el año 2001, mucho antes de que el canadiense Marc Martel se hiciera conocido por su prodigiosa voz similar a la de Freddie Mercury, publicaba con su banda Downhere una preciosa balada llamada “Let Me Rediscover You”, cuya letra resume este sentir:
«Déjame redescubrirte y respirar tu vida nuevamente. Al Dios nunca antes conocido, déjame redescubrirte».
Jesús nos recuerda que el que bebe de su fuente ya no tendrá sed jamás.
