El mesianismo es un fenómeno del que se han beneficiado o perjudicado todas las épocas históricas.
No hay cultura o civilización que no haya tenido uno o varios mesías predicando un mundo mejor o un terrible apocalipsis para aquellos que no hicieran caso a sus consejos y enseñanzas.
En épocas de crisis muchos falsos mesías o impostores de verdades divinas proliferan por doquier
En nuestra cultura occidental ya no se les llama mesías ni místicos sino profetas, iluminados, adivinos, videntes, e, incluso, magos y caraduras.
¿Quiénes son estos falsos mesías?
Según el estudioso Christopher Bourneville, autor de la obra Los falsos Mesías (1993), que llegó a contabilizar 160 entre el último siglo antes de la era cristiana y el año 1993, eran disidentes de las tres religiones principales (cristianismo, islam y judaísmo) que no tuvieron la suerte de marcar la historia fundando cultos universales.
Etimológicamente, la palabra “mesías” procede del término hebreo Mathias que significa ungir.
Por lo tanto, mesías es aquel que a sido ungido por la divinidad.
No sabemos si hubo muchos mesías en la época del Antiguo Testamento.
Seguramente cientos de ellos, siendo uno de lo más destacado Zorobabel, gobernador de Judea en 520 a.C.
Un Ungido de Yahvé que reconstruyó el templo de Jerusalén.
Pero el primer “mesías histórico” del que tenemos constancia documental no aparece hasta la era cristiana en el siglo I.
En los Hechos de los Apóstoles (5, 34-37) el fariseo Gamaliel, discípulo de Villel y maestro de Pablo.
Compara a Jesucristo con dos personajes de la misma naturaleza: Tetudas (“se le adhirió un número de unos 400 hombres, cayó muerto y todos lo que le obedecían se disolvieron y acabaron en nada”) y Judas el Galileo (“también él pereció y todos lo que le obedecían se dispersaron”).
