Sin embargo, pudo reconocer que ella nada podía hacer para cambiar sus circunstancias.
Entonces leyó en una revista la historia de otra mujer llamada Ronnie, quien también había experimentado grandes dificultades en su vida. En el relato, una amiga le preguntó a Ronnie cómo pudo soportar la carga de dichos problemas. Ronnie respondió: “Llevo mis contrariedades al Señor”.
Su amiga le respondió: “Por supuesto, es lo que debemos hacer”.
Entonces Ronnie continuó diciendo: “Pero no tan solo debemos llevarlas ante Él. Debemos dejar nuestros problemas con el Señor”.
No solo debemos dejar nuestros problemas con el Señor; no debemos quedarnos con ninguno.
Se cuenta una divertida historia sobre un anciano que juró que nunca viajaría en avión. Sin embargo, cierto día se presentó una emergencia y le fue necesario llegar con urgencia a una ciudad lejana. La vía más rápida de lograrlo era por aire, por supuesto, así que compró el boleto y se embarcó en su primer viaje en avión.
Conociendo su renuencia a viajar, cuando sus parientes lo recibieron en el aeropuerto, le preguntaron cómo había estado el vuelo, a lo que el anciano respondió: “Supongo que bien, pero les diré una cosa, en ningún momento deposité todo mi peso sobre el asiento”.
¡El Señor desea que eches todas tus cargas sobre Él y que allí las dejes! Él anhela que también le entregues el peso completo de tus problemas. Entonces, podrás continuar tu vida con la plena confianza de que Él cuidará de aquellas cosas que le has encargado.
Salmos 55:22
Echa sobre el Señor tu carga y Él te sustentará.
