Owl City y el Viaje Espacial de la Fe

Owl City fue creado por Adam Young en el sótano de la casa de sus padres. Comenzó a hacer música porque padecía un fuerte insomnio. Vea aquí porque...

A decir verdad, entre más pasa el tiempo, menos interés encuentro en lo que se ha denominado —de forma incorrecta por años— como «música cristiana contemporánea». Encuentro poco atractivos a los cantantes que usan el circuito evangélico de una manera farandulera y superficial; aunque existen excepciones, la mayor parte de lo que escucho actualmente genera en mí escasa atención.

Es por eso que estoy en una búsqueda constante de artistas que expresen sus convicciones con la honestidad que Bono (U2) invita a tener en su documental sobre los Salmos junto al pastor Eugene Peterson: usar la música como un medio de total transparencia. Busco bandas que traduzcan su fe en medio de la vida cotidiana y su visión del mundo, encontrando fascinantes a quienes crean personajes para sus canciones, como Damien Jurado o Ashton Nyte.

Debo reconocer que el músico conocido como Owl City no llamó mi atención al principio. Lo veía solo como un cantante popular de bandas sonoras de Disney o protagonista de dúos de teen pop. Sin embargo, con el tiempo comencé a encontrar aspectos muy interesantes en la propuesta de Adam Young.

Para empezar, es notable que gran parte de su público no es necesariamente creyente. Además de Owl City, Young desarrolla proyectos de música electrónica y ambient bajo nombres como Port Blue, Swimming with Dolphins o su propio nombre real. Bajo este último es donde ha alcanzado su mayor pico creativo con trabajos como Apollo 11, Miracles in the Andes o RMS Titanic, piezas de estilo space y rock progresivo instrumental que transportan al oyente a una verdadera atmósfera cinematográfica.

Criado en Owatonna, Minnesota, Young siempre fue una persona introvertida que trabajaba en una fábrica de Coca-Cola. Sus problemas de insomnio lo llevaron a componer música en su sótano, sacando partido de la soledad: «Veo el insomnio más como un beneficio porque me permite tener más horas de trabajo. Es algo con lo que tienes que aprender a vivir», afirma.

Aunque produce en un ordenador, Young disfruta la experiencia de tocar con una banda de rock en vivo, habiendo compartido escenario con Maroon 5 o Relient K. Sobre su fe, el baterista de la banda, Steve Goold, se muestra reacio a las etiquetas: «No me gusta cómo se etiqueta la música cristiana. Alguien hace una canción de rock con letra cristiana y de repente resulta que ya no es “rock”». No obstante, Young es claro en su propósito: «Quiero que la gente sepa que lo que más valoro es darle gloria a Jesucristo. Espero que me recuerden, ante todo, como un cristiano».

Ante la pregunta de por qué a los creyentes les cuesta “divertirse”, Young ofrece una respuesta aguda: «No creo que nos cueste divertirnos, creo que el problema es el opuesto. La gente piensa que todo vale, y quizá necesitamos revisar nuestra realidad y valores morales de vez en cuando». Su fe influye en su música, pero no encasilla a Owl City como un “proyecto cristiano” exclusivo, pues abarca muchos otros aspectos de su vida.

Hay que dar crédito a músicos como Adam Young. Entienden que el mayor legado es dejar una huella de fe y convicción, más allá de simplemente escribir «aleluyas» en cada estrofa. En un mundo de relativismo moral, no se trata de poner a los artistas en un pedestal, sino de valorar a quienes logran ser luz mientras realizan con excelencia lo que aman hacer.

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