La noche anterior al entierro de su esposa Katherine Cathey se negó a abandonar su ataúd pidiendo dormir al lado de su cuerpo por una última vez.
Los Soldados de la Marina le arreglaron una cama, organizando las sabanas debajo de la bandera.
Antes de que ella se quedara dormida, abrió su computador portátil y escuchó canciones que le recordaban a su “Cat” y uno de los Soldados de la Marina le preguntó que si a ella le gustaría que ellos continuaran manteniendo la guardia mientras dormía.
“Creo que sería algo muy agradable, si ustedes lo hicieran”, dijo, “creo que eso es lo que él hubiera querido”.
