Pero tenemos que comprender el amor de Dios en toda su inmensidad, para que podamos discutir de la oportunidad que Dios nos da para ser aceptados y la manera en la que nosotros tenemos que amar a las personas.
“Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” Juan 3:16
El propósito de Dios es permitirle a Dios no solo la salvación, sino la aceptación a través de su amor.
El amor según el diccionario de la Real Academia Española es el sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
Este contacto no solo es sentimental, que produce como resultado los noviazgos y matrimonios, este se refiere a las amistades necesarias para ser persona, porque cada uno de nosotros necesitamos de las otras personas para ser personas y desear vivir, es decir, darle personalidad y valor a otra persona.
Por este Dios viene al encuentro, para llenar a nivel espiritual nuestras insuficiencias, para conectar con un ser superior y darle una trascendencia a escala eterna.
También el amor es ese sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
Al leer las palabras de Juan, nos da a entender la grandiosa voluntad de Dios de interactuar con nosotros.
Es como si Dios no quisiera quedarse solo con los ángeles, sino tener una comunión con nosotros a toda costa, aunque no lo merecíamos, aunque lo rechazarían sabiéndolo de antemano, aunque era consciente que lo traicionaríamos una y otra vez repetidamente.
Todo esto no fue suficiente para superar el desbordante amor de Dios por nosotros, y así envío a su único Hijo, enseñándonos que no tenemos escusa para rechazar a alguien por algún motivo.
Si no lo hizo Dios con nosotros, ¿Qué competencias tenemos para hacerlo con los demás?
El amor es ese sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo incondicional.
“Así pues, acéptense los unos a los otros, como también Cristo los aceptó a ustedes, para gloria de Dios” Romanos 15:7
Dios mismo, sabiendo que algunos lo rechazarían, que otros le fallarían, que algunos lo traicionarían, entregó a su Hijo unigénito por ellos, mostrando una vez más que su inmensurable amor no tiene límites.
Y es tanto el amor de Dios que hasta lo último Jesús pidió perdón por sus ofensores que lo crucificaron, perdonó de las faltas al ladrón que crucificaron a su lado y lo más importante, Jesús llama AMIGO a Judas, consciente de su traición, pero con la puerta de amor incondicional abierta; sin embargo, Judas no entró.
La puerta de amor debe estar abierta en nuestra vida, algunos la cierran de antemano sin permitirse conocer a las personas, otros lo que hacen es cerrarla toda vez que las personas dejan de satisfacer sus expectativas o necesidades.
Estará en sus manos tomar este mensaje, pero Dios le hará recordar su obra inmensurable de amor, y la hipocresía de abrazar y aceptar la gracia de Dios, y rechazar a las personas por sus prejuicios, o por crear relaciones interpersonales o sentimentales condicionadas.
