A menudo, nuestra espiritualidad se parece a la casa de Simón el fariseo: un lugar donde Jesús es un invitado, pero no el centro. El mensaje destaca cómo podemos ser “correctos” en nuestras formas —como Simón, que invitó a Jesús a la mesa— pero carecer de los detalles de afecto y cuidado que definen una relación de amor auténtica. La teología que aquí se explora nos invita a preguntarnos si Dios es solo una relación más en nuestra agenda o el eje que subordina todo lo demás.
Amor radical: Rompiendo el frasco de las apariencias
En contraste con el juicio social, la mujer del relato de Lucas utiliza un perfume de alabastro, un objeto de altísimo valor destinado a momentos únicos como el matrimonio o la sepultura, para ungir los pies de Jesús. Este acto de amor radical no entiende de “qué dirán”. Ella no espera a ser perfecta para acercarse; su fe se manifiesta en el derroche de su vulnerabilidad, recordándonos que el amor verdadero nos hace hacer “cosas ridículas” a los ojos del mundo pero esenciales para el alma.
El perdón como puente de inclusión
La reflexión central gira en torno a la capacidad de asimilar el perdón. Jesús utiliza una parábola sobre deudores para enseñar que quien más se siente perdonado, más ama. En una comunidad inclusiva, entendemos que la gracia de Dios es la misma para el que se cree “justo” como para el que ha sido marginado. El mensaje nos desafía a cambiar la pregunta “¿Qué piensa Dios de aquel?”, por “¿Qué piensa el Señor de mí?”, moviéndonos del juicio ajeno a la responsabilidad personal y el compromiso social.
