¿Ha sido Dios ajeno al mundo de los rockeros? Cuando un género se ha destacado por tomarse libertades que desafían las leyes de una sociedad puritana, es difícil encontrar referentes; sin embargo, hay varios. Algunos músicos muy legendarios han luchado con su fe durante toda su vida, al punto de que muchos de ellos han plasmado en sus obras musicales canciones que son realmente conmovedoras.
John Macias fue uno más de los mártires del submundo del punk. Radicado en Los Ángeles con su banda Circle One —de la cual fue vocalista—, lideró una buena parte del circuito del hardcore en esta zona de Norteamérica. Su personalidad imponente, al punto de verse amenazante, lo hacía un personaje respetable dentro de la escena, al tiempo que padecía de serios problemas mentales.
Todo esto se sumaba, de manera muy extraña, a un compromiso con el cristianismo; pero también conformó una comunidad que, de forma contradictoria e injustificable, fue responsable de varios episodios de violencia en barrios de California. Sus canciones fueron los típicos desgarros de anarquía de la escena punk y, al mismo tiempo, manejó mucho el lenguaje góspel. Finalmente, fue en una de sus revueltas donde perdió la vida en un tiroteo con las autoridades. Su figura es hoy venerada dentro de la historia del punk; su comportamiento violento, combinado con su ferviente fe, es algo que hasta el día de hoy sus excompañeros de banda y allegados no consiguen entender en su totalidad, convirtiéndolo en una leyenda misteriosa dentro del rock.
Otro caso interesante es el de Eva Ochoa, mejor conocida artísticamente como Eva O, un icono a citar dentro del mundo del death rock. Fue un personaje establecido en los 80 en California, pero más en la escena gótica. Es un icono sumergido en la depresión, la cual supo plasmar en su carrera artística y también al codearse con personajes bizarros como Richard Ramírez, el asesino en serie conocido como el «Merodeador Nocturno».
Tiempo después, tras varios encuentros con otro curioso músico llamado Rozz Williams, conforman la legendaria banda Christian Death que, como era de esperarse, trataba temas profundamente oscuros con pasajes que evocan la muerte, la perversión sexual, el existencialismo y un interés tanto en Satanás como en Dios. En la temprana década de los 90, la cantante sorprendió a sus fieles seguidores con una conversión al cristianismo que reflejó en su carrera en solitario con un cambio notable en sus letras. La sobresaliente calidad musical de sus discos, como Damnation (Ride the Madness) —producido por Eric Clayton de Saviour Machine— y Damnation / Salvation —que contó con los rockeros industriales de Audio Paradox—, la convirtieron en una figura notable dentro de los góticos cristianos, comunidades muy destacables en Estados Unidos y Europa.
No obstante, después de muchos años de ser conocida como una artista de convicciones cristianas, sorprendió nuevamente a su audiencia con un cambio de perspectiva: «Fui cristiana y no tengo problema con el cristianismo; pero conozco el camino y no voy a dar mi vida a Cristo. Es mía y quiero guardarla. He elegido ser honesta», confesó para Deathrock Magazine en 2007.
Es además significativo el triste final de su excompañero Rozz Williams, encontrado ahorcado en su apartamento en 1998. Rozz había sido educado en un ambiente bautista, pero su fascinación por la música oscura lo mantuvo al margen de esa espiritualidad. Lo más tétrico es el hecho de que, antes de suicidarse, llamó a su madre para afirmar que había entregado su vida al Señor, posiblemente queriendo aludir al nombre de su banda, Christian Death.
El llamado doom metal no parece ser un estilo que se enfoque necesariamente en lo religioso; sin embargo, es muy curioso que una de las bandas pioneras del género fuera, al mismo tiempo, la que ayudó a popularizar el término white metal, con el que se etiqueta normalmente al metal cristiano. Hablamos de Trouble, un grupo de hippies de Chicago con un sonido que evoca evidentemente a los británicos Black Sabbath. Se abrieron paso en la escena con la particularidad de tratar temas religiosos en sus composiciones, lo cual contrastaba con el toque oscuro de otras bandas contemporáneas.
En medio de esto, resulta confuso o probablemente un error definir a Trouble como una «banda cristiana» según las definiciones populares. Las inquietudes espirituales son parte importante de su identidad, pero también lo son el exceso de drogas y alcohol, especialmente en la vida de su vocalista Eric Wagner, quien reconoció abiertamente que muchas de sus composiciones nacieron en medio de una lectura bíblica mientras consumía ácido.
Otros miembros de la banda, como Jeff Olsen (baterista) y Bruce Franklin (guitarrista), tomaron decisiones radicales al abandonar el grupo durante algunos años: el primero para enfocarse en su vida espiritual y asistir a un estudio bíblico; Bruce, por su parte, salió de la banda en desacuerdo con las evidentes referencias a las drogas, entrando posteriormente en proyectos como Supershine y la banda Industrial Generation. Actualmente, ha regresado a Trouble como su único miembro original.
Es un hecho triste que el abuso de sustancias de Wagner arruinara su carrera. Lo curioso es que, a pesar de todo, tratar temas espirituales fue recurrente en sus proyectos como LID, Blackfinger y The Skull. «Creemos en Dios, pero también somos humanos y cometemos errores. La gente prefiere que se lo den todo mascado para no pensar; nosotros, sin embargo, queremos que piensen por sí mismos», compartía en una entrevista en 1990.
Todas estas historias generan una enorme inquietud e interrogantes, pero también recuerdan lo frágiles que somos como seres humanos y cómo el cristianismo no se trata de ser fuerte, sino, al contrario, de reconocer la debilidad y la total dependencia de Dios para hacer lo correcto. Por ello, no se trata de censurar, ni de determinar si la música de estos artistas cabe o no dentro de lo que conocemos como «rock cristiano», sino de reconocer que el ser humano es tan contradictorio que, aun a pesar de la fe, todavía podemos hacernos daño a nosotros mismos.
Esa misma lucha llevó al apóstol Pablo a afirmar que, aunque deseaba hacer el bien, su naturaleza le llevaba a contrariar sus creencias. En medio de nuestras dudas y crisis de fe, está el Consolador, la presencia del Dios vivo ayudándonos en todo valle de sombra y recordándonos que no es en nuestras fuerzas, sino por medio de Él, que alcanzamos la redención. Historias como estas nos deben llevar a orar por aquellos que luchan con su fe y recordarnos que el que cree estar firme, debe cuidar de no caer.
