Preocupados por lo que observaron, acudieron a la ciudad que estaba abajo del dique e informaron a las autoridades.
El dique es inseguro. La población de esta localidad está en peligro.
Ya hemos escuchado eso antes. Solo intentan amedrentarnos. El dique está bien -respondieron las autoridades.
Al otoño siguiente, los ingenieros volvieron a revisar el dique y volvieron a avisarle a la población del inminente peligro que corrían. Una vez más, no los tuvieron en cuenta.
Quince días más tarde, un muchacho llegó cabalgando a toda velocidad gritando:
¡Sálvese quien pueda! ¡Corran! El dique se rompió y por ahí viene el agua.
La gente se burló de él porque pensaron que solo intentaba asustarlos. No obstante, en cuestión de minutos una muralla de agua sucia azotó la ciudad y en menos de media hora Johns town quedó arrasada. Murieron más de 3700 personas.
Si le advierten acerca de un problema, reconozca que este existe y no se demore en solucionarlo. Ponga manos a la obra cuanto antes.
El trabajo que más demora es aquel que nunca se empieza.
Proverbios 15:19
El camino del perezoso está plagado de espinas, pero la senda del justo es como una calzada.
