Los valores del reino de los hombres son opuestos a los valores del Reino de Dios…
En el reino de los hombres la seguridad está puesta en las posesiones materiales, en la seguridad económica, el buen trabajo…; en el Reino de Dios la seguridad está puesta en Dios…
En el reino de los hombres el éxito es tener conocimiento, títulos académicos, poder político…; en el reino de Dios no soy yo, sino Cristo el centro de mi vida.
En el reino de los hombres se busca reconocimiento social…; en el Reino de Dios podemos ser rechazados a causa del evangelio.
En el reino de los hombres justicia es igual a venganza… En el reino de Dios justicia es misericordia y amor.
Con la frase “Apártate de mí, Satanás”, Jesús no acusa a Pedro de ser satánico, sino de hacer la función del tentador, es decir, tratar de apartar a Jesús de su camino hacia la Cruz.
Con la misma intención Satanás tentó a Jesús en el desierto.
El apartarse del camino de la cruz es una tentación presente cada día en la vida del creyente.
Por ejemplo, cuando somos tentados a optar por un evangelio “light”, un evangelio en el que no hay cruz, solo sentirse bien con las “promesas” a las que uno puede acogerse, sin compromiso con Cristo; con un evangelio que profesa prosperidad sin sometimiento a Cristo; un evangelio que profesa perdón de pecados sin arrepentimiento ni obediencia.
Esto no es el evangelio de Cristo, es guardar una apariencia y engañarnos a nosotros mismos.
