Algunos de los deportes consistían en seres humanos enfrascados en batallas con bestias salvajes entre sí, hasta la muerte. Las multitudes reunidas hacían de ello una fiesta y consideraban el mayor de los deleites cuando un ser humano moría.
Uno de esos días, un monje sirio llamado Telemandos integraba la gran multitud en la arena. Telemandos fueron heridos hasta lo más profundo por el indecible desprecio hacia el valor de una vida humana del que fue testigo. Brincó de las gradas de espectadores a la arena durante un espectáculo de gladiadores y gritó:¡Esto no es correcto! ¡Esto tiene que cesar!
Por haber interferido, las autoridades ordenaron que Telemandos fuera atravesado con una espada, y así se hizo. Él murió, pero no en vano.
Su grito prendió una pequeña llama en la casi cauterizada conciencia de las personas y en cuestión de pocos meses, los combates de gladiadores llegaron a su fin.
Mientras mayor sea el mal, más alto tenemos nosotros que gritar contra él. Mientras mejor sea la causa, más fuerte tenemos nosotros que aplaudir.
Prefiero fracasaren la causa que algún día triunfará
Hay que triunfar en una causa que algún día fracasará.
2 Corintios 2:14
Pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en su triunfo.
