El 2019 nos despidió con la triste noticia del fallecimiento de Marie Fredriksson. El dúo sueco Roxette, conformado por Marie y el músico Per Gessle, fue una de las bandas fundamentales de nuestra adolescencia. La radio estaba saturada de sus temas; canciones cargadas de energía como «The Look», «Dressed For Success», «Joyride» o «June Afternoon», y preciosas baladas como «Listen to Your Heart», «Fading Like a Flower» y, por supuesto, «It Must Have Been Love».
Incluso su canción «Almost Unreal» (para la película de Super Mario Bros.) contenía una frase que hoy resuena de forma distinta: «Es un mundo de locos allá afuera; esperemos que nuestras oraciones se encuentren en buenas manos esta noche». Sin embargo, por aquel entonces, la relación de Marie con la fe era tensa. La pérdida de su hermana mayor siendo apenas una niña provocó en ella un profundo disgusto con el Creador.
En 2002, la noticia de un tumor cerebral cambió su vida. Todo el duro proceso de su lucha se plasmó en el documental Una segunda oportunidad, donde un giro inesperado llamó la atención de sus fans: la insistencia de Fredriksson en agradecer a Dios. «Estoy en contacto con Dios todos los días. Siempre es algo muy cálido y grandioso», afirmaba.
Poco a poco, esa relación se transformó: «Nos volvimos amigos más y más, y ahora se ha convertido en un maravilloso apoyo». Marie tuvo que volver a aprender a escribir y a cantar. De ese proceso nació The Change, un álbum introspectivo sobre su regreso a la fe cristiana. Aunque la honestidad de sus letras dividió a sus seguidores, ella permaneció firme en su transición espiritual.
Regresó a los escenarios en 2007 y más tarde con Roxette, pero en 2016 su salud obligó al cese definitivo de la banda. Marie jamás dejó de luchar, apoyada por su esposo, Mikael Bolyos, y sus hijos. «Pasé trece años bajo el estigma del dolor, pero nunca me di por vencida. Fue un milagro que sobreviviera», comentaba con optimismo pese a las secuelas motoras y de memoria.
En sus últimas presentaciones se la veía sentada, lejos de la energía desbordante de los noventa, pero con el mismo carisma de siempre. En su biografía Listen to My Heart, escrita por Helena von Zweigbergk, dejó una sentencia final: «Las dificultades de la vida no terminan nunca. No se puede vivir sin dolor».
Marie Fredriksson falleció el 9 de diciembre de 2019. Será recordada por sus grandes canciones, pero para nosotros, su legado será también su fe. Esa capacidad de descansar en las palabras de Mateo 11:30: «Mi yugo es suave y ligera mi carga». Una promesa que no nos exime de las batallas, pero que nos permite resistir con esperanza hasta el final de nuestros días.
