El Rock en el Himnario de las Iglesias Latinoamericanas

Este es un análisis excelente que cierra muy bien el arco histórico y sociológico de lo que significó la “irrupción” del rock en el espacio sagrado de las iglesias latinoamericanas. Tu texto logra capturar esa ironía histórica: cómo un género que nació para rebelarse contra el sistema terminó siendo el vehículo para una de las renovaciones litúrgicas más grandes del siglo XX.

Aquí tienes la corrección ortográfica y de estilo, cuidando especialmente la puntuación y el uso de términos técnicos:

El rock terminó siendo utilizado para jingles, programas para niños y se fusionó con géneros más aceptables socialmente y autóctonos de diversos países. Se unió a la era de los videojuegos y las series de televisión. Es difícil actualmente ver en términos de rebeldía a aquel hombre mayor que, de manera relajada y en la soledad de su casa, se sienta a recordar sus canciones favoritas de The Beatles; además de ver cómo su sonido en la actualidad ha adquirido un grado de respetabilidad que se empieza a enseñar en las escuelas con canciones de Queen o Pink Floyd en las clases de música. Sin embargo, nada causó más asombro en su momento que la llegada del género a las iglesias que tanto le satanizaban.

Debemos mirar, como primera medida, el sonido góspel de las iglesias afroamericanas que fue pieza clave para el nacimiento del rock and roll y otras tendencias modernas, por lo cual realmente tendríamos que erradicar de alguna forma el argumento de ser una música “mundana”, como ya lo analizamos en nuestro artículo «El racismo en los tiempos del góspel».

En América Latina, durante la interesante década de los 90, era usual ver libros en las estanterías cristianas de autores como el norteamericano Bob Larson o la boricua Carmina de López dedicados a la «cacería de brujas» en este género, incluyendo el rock cristiano; argumentos que ya hemos aclarado en capítulos anteriores. Lo curioso es que, al tiempo que esta literatura se promovía, lo que para muchos parecía inconcebible comenzó a esparcirse dentro de las congregaciones evangélicas: las sagradas alabanzas con las que los feligreses danzaban en actitud de celebración y agradecimiento a Dios empezaron a fusionarse con sonidos más contemporáneos.

Como ya lo hemos documentado antes, el rock cristiano como tal comenzó en los sesenta. En América Latina, algunos países de forma arriesgada comenzaron a desarrollar el género para evangelizar con bandas como LTP, Generación de Jesús y Holocausto. Sin embargo, el movimiento seguía siendo marginal la mayor parte del tiempo debido al recelo de muchas congregaciones que no miraban con buenos ojos que se ejecutara este ritmo dentro de los cultos.

Como suele pasar en las brechas generacionales, todo esto se empieza a desmoronar cuando los cantantes de «Alabanza y Adoración» comienzan a cambiar la cara de los himnos. Dentro del grupo más reconocido se encuentran Marcos Witt, Marco Barrientos, Juan Carlos Alvarado, El Grupo J.E.S., Miguel Cassina, Torre Fuerte y canciones exclusivas para niños y adolescentes como la producción Alas de águila. Por supuesto que este entusiasmo fue influenciado en gran manera cuando la legendaria banda Petra decide grabar en español el disco En alabanza, ganando una gran aceptación del público; algo que además llevó posteriormente a un grupo de jóvenes cantantes mexicanos a realizar dos producciones con temas traducidos al español de la agrupación texana.

Tenemos que nombrar muchas otras producciones muy bonitas que surgían de iglesias que, en muchas ocasiones, lograban grabar con un gran esfuerzo y sacar sus canciones en casete o CD con melodías contemporáneas, pero sería difícil intentar recordar todo lo que surgió en aquella época. Estas canciones con sonidos pop-rock, rap o electrónica se empezaron a escuchar incesantemente en los campamentos juveniles; los adolescentes realizaban coreografías, sonaban en eventos donde se unían diferentes denominaciones evangélicas y los jóvenes se sentían más cómodos de compartir con amigos no creyentes la música que escuchaban en sus congregaciones.

El análisis interesante que se hace actualmente al recordar aquellos años en las iglesias era cómo muchos adultos recibían con beneplácito esta nueva modalidad de himnario, casi al punto de no reconocer el género como tal mientras alababan con entusiasmo a su Creador y, de manera muy simpática, seguían frunciendo el ceño ante las fotos de presentación de la banda Guardián en su producción en español. Con el tiempo, muchos de los músicos que solían tocar en las alabanzas de la iglesia, o que simplemente buscaban un alcance más evangelístico, comenzarían a surgir bajo nombres como Zona 7, La Tribu de Benjamín, VCV, Michael Rodríguez, Cintrón, Rojo y, por supuesto, Rescate… lo demás es historia.

Ahora, ¿se trata de un asunto superficial o realmente existe un trasfondo espiritual más profundo? La experiencia del pastor chileno Enrique Colillanca Hernández, de la Iglesia Génesis y director de la emisora virtual Puerto Rock Cristiano, es bastante significativa en cuestión de un cambio:

«Por un lado, se encontró resistencia en un sector más conservador de la iglesia; por el otro, una auténtica renovación de la adoración en la iglesia del Señor. Lo más importante fue que este movimiento renovador fue acompañado de enseñanza acerca de la verdadera adoración. Esto le dio solidez y no lo convirtió en una simple moda pasajera; no era solo ritmo o nuevos estilos musicales, sino un fundamento teológico y práctico».

Jorge Enrique León Pineda es un periodista y musicólogo bogotano que perteneció a bandas colombianas muy legendarias como Excalibur, La Pestilencia y Delia y los Aminoácidos (primera etapa de lo que en un futuro sería aterciopelado). En su etapa como creyente, tras una conversión que ya vimos en el artículo «Un rockero y su encuentro con Dios», la alabanza jugó un papel importante en su relación con Jesús:

«Cuando llegué a mi vida cristiana en la Iglesia Comunidad de Fe, venía de un mundo musical muy fuerte y encontrarme con un género musical de alabanza, por ese entonces muy de tendencia hebrea, fue grandioso cuando comencé a ver que existía alabanza en mi idioma rockero fuerte. (…) En varias ocasiones me quebranté de la emoción de poder encontrar alabanzas en el género con el que crecí, orando al Señor en ese mismo idioma».

Poder ejecutarlo y aportarlo a la iglesia, siempre con un corazón de adorador, permite enfatizar que siempre ha existido la alabanza con base rockera de cuatro cuartos: una guitarra distorsionada, bajo con base sólida y batería. Por supuesto que las experiencias son muchas y podemos encontrar un sentir muy similar en las generaciones actuales.

Para Gustavo Serna Calderón, quien dirige la alabanza en una congregación de La Alianza Cristiana en Armenia, Colombia, e integrante de la banda de rock R-Surged, el integrarse a una iglesia que se movía por los ritmos contemporáneos fue, de alguna manera, un choque tanto cultural como espiritual:

«Cuando llegué a la iglesia fue impactante ver cómo se podía alabar a Dios con ritmos que se asemejaban al rock… cambió el concepto de himnos que yo tenía concebido en mi mente. En la parte espiritual me llevó a una nueva dimensión que me ayudó a darme cuenta de la necesidad de ir más allá».

Por otra parte, parece que finalmente los sonidos del rock ya no son del todo tan controvertidos y censurados en la actualidad. Andrés López, de la ciudad de Ibagué en Colombia, es director del ministerio de alabanza y el coro distrital de la IPUC (Iglesia Pentecostal Unida de Colombia). Toca esporádicamente con su proyecto Fortaleza Band, explorando el pop-rock, la balada y el funk; agrupación que se ha presentado en campamentos y eventos de esta denominación en las que realmente no ha resultado una experiencia difícil:

«Cuando nos hemos presentado nos ha ido muy bien. Hemos tenido casos en que el pastor de la congregación no gusta de la guitarra eléctrica, pero hemos tocado y el Señor nos ha respaldado».

¿Es el rock actualmente sinónimo de rebeldía y trasgresión? Tal vez sí, tal vez no; pero es más difuso si tenemos en cuenta que incluso mucha de su satanización del pasado se debió a un asunto de malentendidos. Canciones como “Hotel California” de The Eagles o “The Number of the Beast” de Iron Maiden nunca fueron temas anticristianos como muchos fundamentalistas decían entender; mucho más teniendo en cuenta que, en la actualidad, miembros de las bandas citadas profesan la fe cristiana.

Lo hermoso de todo esto es que, en la actualidad, toda la riqueza artística que podemos encontrar en el género no solo está al alcance de los educadores, musicólogos o historiadores, sino que además está al alcance de aquel que quiera entrar en un proceso de adoración con Dios en lo público o en su intimidad. Ya sea como medio de alabanza dentro de una comunidad o para llevar a las calles a quienes no han escuchado sobre Jesús, el género traspasó todas las barreras y es un catalizador para llevar buenas nuevas al quebrantado.

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