¿Música Almática?

Opinamos sobre el término música alma de moda entre los cristianos recientemente y que ha causado polémica entre algunos creyentes.

Reconozco que no soy muy fan de Annette Moreno, la popular cantante mexicana de pop rock; sin embargo, siento cierta admiración por su autenticidad en medio de la llamada «música cristiana» latina. En algún momento decidí detenerme a mirar su discurso en medio de sus conciertos, hablando de las críticas que ha sobrellevado por su forma de vestir y sus presentaciones. La forma en que defiende su postura frente al fanatismo religioso es interesante. Las críticas también se han pronunciado con base en las letras de sus canciones, las cuales, para muchos melómanos de música cristiana, rayan en la melancolía y «no son aptas para la salud espiritual».

En una posición muy similar se encontró hace unos años la banda AVE, liderada por Adrián Roberto, hijo del pastor y cantante Jesús Adrián Romero. El lanzamiento de su segundo disco, Simulacra, significó la presentación de uno de los álbumes más interesantes en cuestión de composición y estructura musical que haya escuchado en este medio. Se trata de una especie de álbum conceptual y rock experimental que refleja luchas y cuestionamientos espirituales.

Era obvio que no sería fácil de digerir para muchos. Las acusaciones de ciertos sectores evangélicos fueron tan molestas que el mismo Jesús Adrián decidió enviar un comunicado en redes sociales explicando la filosofía de la banda y el porqué de su propuesta musical. Esto me recuerda que, en cierta ocasión, un amigo me compartía un dilema surgido en una congregación de mi ciudad: había un debate sobre la inclusión en el repertorio de lo que denominaban como «música almática».

—«¿Música almática? ¿Qué rayos es eso?» —fue lo primero que cuestioné.

Para muchos creyentes, la música cristiana debe basarse en el único propósito de componer letras bíblicas o directamente relacionadas con la alabanza, por lo cual queda vetado o en tela de juicio el mencionar otros temas. Este punto contrasta con el llamado que Bono, cantante de U2, hace a los músicos cristianos en el documental The Psalms, donde insta a los artistas de fe a una mayor honestidad en sus composiciones. Al buscar en las declaraciones de los mismos músicos, descubrimos posiciones que marcan pensamientos muy valiosos.

En cierta ocasión tuve la oportunidad de entrevistar a David Sepúlveda, fundador de La Galaxia, una de las bandas pioneras del rock cristiano en Colombia. Su posición frente a lo que denominamos «música espiritual» es compleja, al afirmar enfáticamente que le parece incorrecto que muchos músicos simplemente tomen una canción, le coloquen la letra de un salmo e inmediatamente el tema pase a ser «espiritual», no permitiendo que la inspiración fluya libremente.

Logos, banda argentina de heavy metal, nació tras la desaparición de V8, agrupación pionera del género en su país que en su última etapa había abrazado la fe. Pero no era una banda común; sus letras espirituales se fusionaban con un profundo compromiso social, algo presente en los músicos tras haber sido protagonistas de los difíciles momentos políticos desde los años setenta. En este frente, Adrián Cenci, baterista de los primeros años de Logos, tiene un punto claro:

«Jesús no solo vino a este mundo a traer las buenas noticias de la salvación, sino también a corregir a los políticos, a los sacerdotes, a los escribas, etc. Como seguidores de Cristo, se debe ser luz dentro y fuera del cuerpo. Siendo un músico que toca para la gente que no conoce a Jesús, tenemos la obligación de presentárselo; no como un evangelista, sino como un artista cuyo arte está impregnado de sus experiencias en Cristo».

Cenci diferencia esto de la música congregacional: «Nuestra vida es una sola, pero si vivimos de la música que hacemos fuera de la iglesia, entonces es un negocio con el cual podemos subsistir. Podemos hablar de muchas cosas para edificar a quienes no conocen a Jesús; la gente debe percibir algo distinto que sale de nuestro corazón».

William Divali, bajista de la agrupación colombiana Oveja Cósmica, brinda una opinión sencilla y válida: «Cuando se habla de emociones se habla de espiritualidad, porque somos seres espirituales. Siempre vamos a plasmar lo que sentimos: el amor a Dios, pero también el amor a la familia o a la pareja».

Ramón Cañizales, de la agrupación Zona 7, amplía el panorama: «La música en sí es almática; toda la música lo es. Existe esa moda de decir que la música cristiana se ha vuelto almática, lo cual es cierto, pero no significa que sea malo. Lo que sucede es que los himnos antiguos contenían mucha teología para que la gente aprendiera la Palabra cantando. Pero al final, solo existe música buena o mala, incluyendo la categoría góspel».

Miriam Sosa, intérprete argentina, añade: «A veces se ponen algo sectarios. La adoración no es solo cantar, sino la entrega diaria de nuestras vidas. Dios nos creó con emociones y estas deben estar equilibradas en Cristo. El Salmo 118:17 dice: “No moriré, sino que viviré, y contaré las obras del Señor”, y una manera de hacerlo es cantando sobre la alegría de encontrar el amor, tener hijos o disfrutar de la vida».

Tres Hache, intérprete colombiano de hip hop, reconoce que toda la música es emocional, pero enfatiza en el orden: «Lo triste es que no sea racional… ¿Equilibrio? No, gracias; escribamos desde la emoción y digamos que es revelación del espíritu».

Finalmente, Usiel Aldama (cantante de Ahora o Nunca) reconoce el problema de las etiquetas: «Para los “cristianoides” que etiquetan la música como mundana, esto solo ha servido como psicología inversa y terminan consumiendo a Marilyn Manson. La música es como el dinero: es neutra y tú determinas qué uso le darás. Pablo nos enseña que todo nos es permitido, pero no todo conviene, teniendo como enfoque honrar a Dios y no ser piedra de tropiezo».

¿Cómo lograr un equilibrio en este debate? Debemos ser conscientes de que, aunque para muchos es discutible la división tripartita del ser humano (cuerpo, alma y espíritu), no podemos ver el alma como algo inferior. El espíritu nos conecta con Dios, pero el alma es el centro de nuestras emociones y no es necesariamente una traidora. Los sentimientos no pueden ser satanizados, pues son fundamentales en nuestras relaciones.

Entendemos que existe un estilo exclusivo para la adoración congregacional, pero no hay nada de malo en disfrutar de canciones que transmitan gratitud por las bendiciones, el amor hacia los demás o incluso el criterio ante las injusticias sociales. Denominar un trabajo como «música almática» no debería ser un juicio negativo; el arte es la mejor forma de expresar nuestra humanidad ante un Dios que nos consuela y nos brinda la vida para vivirla en todas sus facetas.

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