De nada sirvió que fuera el mejor de los mecánicos “mediocres”.
Finalmente, el exasperado entró a la casa como un torbellino e informó a su esposa quehabía un problema serio con su carro que no podía solucionar.
Es más -gritó-, no sé si alguienpueda repararlo.
Con ternura, ella le agradeció sus esfuerzos y de inmediato llamó por teléfono a su padre, un mecánico experto. Luegode explicarle la situación, acordaron dirigirse a la biblioteca más cercana y conseguir un manual del automóvil. Con mucho cuidado, copiaron las páginas que indicaban cómo cambiar las bandas de los frenos. Después, se detuvieron en una tienda de piezas para autos extranjeros y compraron las herramientas indispensablespara ese trabajo en particular. Por último, llegaronhasta el carro y en treinta minutos, completaron la reparación.
¿Qué marcó la diferencia? Tres aspectos:
Primero, ella contactó a su padre, un mecánico experto. La primera orientación que Dios nos da es que clamemos a Él.
Segundo, encontraron el manual de instrucciones correcto y lo siguieron al pie de la letra. Aveces, persistimos en obrar sin consultar las instrucciones.
Finalmente, adquirieron las herramientas apropiadas para efectuar el trabajo. Dios siempre nos proporcionará las herramientas adecuadas, solo tenemos que echar mano de ellas.
Ya sea que hablemos de bandas de frenos o de decisiones cruciales de la vida, es simplemente sorprendente, casimágico, lo bien que funciona todo cuando prestamos atención a las instrucciones.
Proverbios 22:17
Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios.
