En cierto sentido, escojo lo que espero y lo recibo. Una vida sin desafíos sería como ir al colegio sin lecciones que aprender.
Los desafíos vienen no para deprimirnos y acabarnos, sino para dominarlos, crecer y desarrollarnos a través de ellos.
En el sabio y maravilloso plan del Padre para mí, ninguna carga puede caerme, ninguna emergencia puede surgir, ninguna tristeza sobrecogerme, antes de que reciba la gracia y fortaleza para enfrentarlas.
Una vida rica y plena no es determinada por las circunstancias y relaciones externas. Estas pueden contribuir, pero no pueden ser la fuente. Soy feliz o no por lo que pienso y siento.
Nunca puedo perder algo que me pertenece, ni poseer lo que noes realmente míos.
Nunca huyo de un problema, ya que este me perseguirá o estaré en camino hacia otro igualito, pero con un rostro o nombre distinto.
No nos preocupemos por la mañana; hoy es el ayer por el que nos preocupamos.
Nunca forcemos la puerta; esperemos que se abra y entonces podremos entrar.
Toda persona que ha llegado a mi vida tiene, ya sea algo que enseñarme o aprender de mí.
Perdemos tiempo maravilloso llorando lo que nos pasa, en vez de encontrar las joyas en el lodo.
Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre.
Génesis 49:25.
Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de tu Dios.
Deuteronomio 28:2.
Si obedeces al Señor tu Dios, todas estas bendiciones vendrán sobre ti y te acompañarán siempre.
